Una mirada sobre la creación

Es frecuente encontrar en la red imágenes reminiscentes del fresco de Miguel Angel sobre «La creación de Adán» en la Capilla Sixtina, pero referidas a la interacción entre humanos y robots, no entre la Divinidad y la Humanidad.

Preparando una charla en la que utilizaba una estas imágenes me encontré reflexionando sobre las diferentes lecturas que permite la confrontación con una composición de este tipo.

Uso aquí el término confrontación a conciencia, porque pienso que una imagen así debería interpelarnos, hacernos reflexionar.

En primer lugar, porque invoca de modo inevitable a nuestro subconsciente, que a buen seguro guarda el recuerdo y la interpretación del original de Miguel Angel. Se trata de un acto de creación en que la Divinidad da vida a Adán, el primer ser humano según el Génesis.

La alusión a esa escena quiere a buen seguro sugerir que también hay un acto de creación en esa relación entre humanos y robots. Queda sin embargo abierta la interpretación de a quién corresponde en esta ocasión el papel del creador, el rol de la Divinidad. Al compararla con el original de la Capilla Sixtina, la imagen de la parte superior izquierda parece sugerir que es el robot, situado en la posición de la Divinidad, quien ejerce de creador, en tanto que el humano es el receptor de la creación. El mensaje subliminal sería en este caso que «la tecnología – a la que adoramos como si fuera la Divinidad – nos potenciará como humanos».

La otra imagen, en que las posiciones se invierten, podría sugerir lo contrario, atribuyendo al ser humano las capacidades de la Divinidad. De este modo la sugerencia sería «daremos vida (humana o casi humana) a las máquinas».

Las mismas imágenes pueden, sin embargo, hacernos pensar también en un futuro en que la proliferación de robots desplazan en algún sentido a los humanos. No sólo haciéndose cargo de trabajos, sino propiciando la atrofia de capacidades como la atención, la voluntad e incluso la conciencia, al caer en la tentación de ir cediéndolas a los androides.

Cada cual hará su interpretación. Porque, como reza el antiguo aforismo, «no vemos las cosas como son; vemos las cosas como somos«. El modo en que miramos no cambia la realidad, pero sí nuestra percepción de la realidad. No perdamos, por tanto, la conciencia de cómo miramos del modo en que miramos.

No perdamos tampoco la conciencia de que tenemos la capacidad de decidir cómo queremos mirar; desde qué perspectiva o punto de vista hacerlo. Porque escoger nuestra mirada puede ser también un acto de creación. Cuentan que el propio Miguel Ángel, cuestionado sobre el proceso de creación de La Piedad, respondió algo así como “La escultura ya estaba dentro de la piedra. Yo, únicamente, he debido eliminar el mármol que le sobraba”. Pues eso.

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