El dominio de la oscuridad

160415 BlogIntento incluir la Filosofía y la Ciencia entre mis lecturas habituales.

  • La Filosofía porque, en palabras de Josep María Esquirol, «la filosofía es la cura del alma, porque el ejercicio del pensamiento transforma».
  • La Física, porque en una vida anterior tuve la fortuna de poder doctorarme en Física, una disciplina que luego abandoné como profesión por razones que no son del caso.

«The Island of Knowledge«, un libro reciente de Marcelo Gleiser, que tiene como subtítulo «los límites de la ciencia y la búsqueda de sentido», está a caballo entre ambas materias. Transcribo uno de sus planteamientos de partida:

«Debemos preguntarnos si la comprensión de la realidad más fundamental de la naturaleza es sólo una cuestión de empujar los límites de la ciencia, o si estamos siendo bastante ingenuos acerca de lo que la ciencia puede hacer.»

Una de las cuestiones científicas que quizá más claramente manifiesta hoy los límites de la ciencia tiene que ver con lo que se sabe sobre la composición del Universo. Aplicando la teoría de la gravitación universal de Einstein al análisis de los datos la astrofísica de precisión, los científicos han llegado a la conclusión representada en la figura. Una materia oscura de naturaleza desconocida, pero detectada por la fuerza gravitacional que ejerce sobre los cuerpos celestes y sobre la luz, constituye un 27% del Universo. Otro 68% corresponde a una energía oscura, cuya existencia se deduce de la constatación experimental de que el Universo se expande a un ritmo acelerado. La materia ‘convencional’, sobre cuya naturaleza la ciencia ha hecho progresos espectaculares durante los últimos 200 años, representaría sólo del 5%.

Una de las conclusiones del autor es que:

«Si grandes porciones del mundo permanecen invisibles o inaccesibles para nosotros, debemos considerar con gran prudencia el significado de la palabra ‘realidad’.»

Me apunto dos reflexiones al hilo de este asunto. La primera se refiere al dogmatismo de algunos científicos que reclaman para la ciencia una reverencia casi religiosa, que de otra parte niegan a la religión, o incluso a la filosofía. En palabras de Marcelo Gleiser (negrillas añadidas):

«Exponer los límites de la ciencia está lejos de ser oscurantista; más bien al contrario, se trata de un auto-análisis muy necesario en un momento en que la especulación científica y la arrogancia están fuera de control

Una segunda reflexión, menos científica, se deriva de postular que la realidad social incluye también componentes de materia oscura y energía oscura, que no son de ordinario visibles con nuestros métodos convencionales de observación. En el Universo, la energía oscura es expansiva, mientras que el efecto de la materia oscura es contraer. Se me antoja que elementos como la corrupción, o incluso los mercados financieros que reclaman ‘recortes’ serían los análogos sociales de la materia oscura. Contraen el mundo en el que queremos vivir. Se trataría pues ahora de hacer visibles los efectos contrarios de la energía oscura. Una energía que intuimos que existe en el interior de los muchos dispuestos a trabajar por un mundo mejor.

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