Paywalls: Un estímulo para no dilapidar la atención

Supongo que no soy el único que debe haber notado últimamente la tendencia de muchas publicaciones electrónicas de poner fin el acceso ilimitado (iba a decir libre, pero la libertad es otra cosa) a sus contenidos. Los ejemplos, por nombrar sólo algunas de aquéllas que tienen la gentileza de enviarme regularmente un correo electrónico con los titulares de sus contenidos, incluyen el New York Times, el Washington Post, Wired, Business Week o Medium (además de otras a las que estoy suscrito hace tiempo, como The Economist o The New Yorker).

Debo confesar que en un principio esta tendencia me irritó, por cuanto no me parecería sensato afrontar el gasto de tantas suscripciones, aparte de que el conjunto de sus contenidos tendría una dosis alta de redundancia. Un artículo en Techcrunch sobre este asunto me ha hecho, sin embargo, cambiar de postura. Por dos motivos.

El primero es personal. Veo ahora esta limitación en el número de fuentes electrónicas a las que pueda acceder como un estímulo a decidir conscientemente hacia dónde enfocar mi atención. Creo que muchos fuimos ingenuos considerando como deseable un futuro en que toda la información del mundo fuera fácilmente accesible para todo el mundo. Porque ese futuro utópico conlleva también «La paradoja de la elección«, sobre la que otros han escrito mejor de lo que yo podría hacerlo aquí.

El segundo motivo para mi cambio de postura es la expectativa de que quizá una reacción en contra a esta proliferación de paywalls, en la línea del artículo de Techcrunch acabe resultando, como allí se propone, en un reconsiderar los principios y prácticas actuales del negocio de contenidos en Internet. Que tienen entre sus consecuencias las ‘fake news’ y el acoso abusivo de los publicistas.

Resumiendo. Retomando la conciencia de que «There’s no such thing as a free lunch», estoy escogiendo pagar con dinero mejor que con el alma.

 

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