Con mi móvil no hago lo que quiero, sino también lo que aborrezco

Imagen: fragmento de una diapo de Gerd Leonhardt

Un manifiesto anti-móvil publicado en Quartz (en plena semana del Mobile World Congress) me lleva hasta un estudio del siempre fiable Pew Research Center sobre el uso de los móviles. Sigue un extracto de las conclusiones:

«Los estadounidenses consideran que los teléfonos celulares distraen y molestan cuando se usan en entornos sociales, pero al mismo tiempo, muchos usan sus propios dispositivos durante los encuentros en grupo […] El 82% de los adultos dicen que cuando las personas usan sus teléfonos en estos entornos la conversación queda perjudicada. [Así y todo], el 89% de los propietarios de teléfonos móviles dicen que usaron su teléfono durante la reunión social más reciente a la que asistieron. […] A pesar de este sentimiento generalizado de que el uso de teléfonos móviles durante las reuniones sociales puede ser más un obstáculo que una ayuda, casi todo el mundo usa su móvil durante estas reuniones y observa que los otros miembros de sus grupos sociales hace lo mismo.»

Por pura serendipia, la lectura de uno de los libros que intento digerir en paralelo me conduce hasta un fragmento de la carta de San Pablo a los Romanos:

«Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.» (7:19-24)

En la tradición cristiana, el demonio es el vehículo del mal, el que moviliza el lado oscuro (el doble) en el alma humana, el que genera las tentaciones del ‘hago lo que no quiero’ a que se refiere San Pablo. En las situaciones concretas a las que se refiere el informe de Pew, el móvil sería entonces uno más de los instrumentos de esa fuerza oscura.

Otra vez por pura serendipia, en una conferencia esta semana en the ‘House of Beautiful Business‘ el autoproclamado futurista Gerd Leonhardt puso en pantalla la imagen de que encabeza esta entrada.

Que cada cual, por supuesto, saque sus propias conclusiones.

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