Una historia de espíritu emprendedor

160717 blogCuentan que el organizador de uno de estos macrofestivales de música tuvo la idea de empezar a ofrecer una retribución a los asistentes por cada vaso de plástico o lata vacía que le devolvieran, sin límite de cantidad. Quizá por conciencia cívica, para evitar en lo posible que el espacio quedara convertido en un vertedero. Quizá para ahorrar costes. No lo sabemos.

Sí sabemos, porque nos lo cuenta un profesor de emprendimiento, que había  habitualmente dos perfiles de personas que aprovechaban este incentivo: los jóvenes que conseguían así dinero para una cerveza más. También emigrantes emprendedores que pagaban la entrada no para escuchar música, sino para obtenenr alguna ganancia a base de canjear cuantos más residuos mejor.

Cuentan que un año el profesor llevó a su hijo de 14 años al festival y le puso en antecedentes de este esquema de limpieza. Luego se separaron, porque cada uno tenía sus preferencias sobre qué música escuchar y en qué compañía. Al reencontrarse, el padre supo que su hijo no había disfrutado demasiado de la música, pero sí había en cambio recogido 150€ canjeando vasos y envases. Le pareció oportuno felicitarle por su espíritu emprendedor.

Al cabo un par de semanas, padre e hijo negociaban qué compensación habría de corresponder a éste último por ajudar a limpiar a fondo, pintar y renovar un enorme trastero de la casa. Cuenta el padre que les costó hacer que su hijo comprendiera que un salario de 150€ por hora excedía los límites de lo que él encontraba razonable.

¿Moraleja?

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