Antes de proponer la tecnología como solución, ¿sabemos cuál es el problema?

160629 BlogNos bombardean últimamente (más de lo ya habitual, quiero decir) con mensajes que sostienen que la tecnología es o será la solución de (casi) todos los problemas que a los que nuestras sociedades se enfrentan. La tecnología traerá, como mínimo, crecimiento económico, trabajos, eficiencia, bienestar y comodidad.

Por ejemplo, el mensaje de la Singularity University es:

«Educar, inspirar y empoderar a los líderes para aplicar tecnologías exponenciales a fin de abordar los grandes retos de la humanidad.«

Su argumento no carece de mérito, pero tiene en mi opinión un muy importante punto débil: los mayores problemas del mundo no son tecnológicos, sino sociales. La tecnología puede ser un instrumento para abordarlos, incluso un elemento necesario, pero sólo uno de ellos.

Extraigo y traduzco algunos párrafos de un artículo reciente de Ethan Zukerman (nada sospechoso de tecnofobia) sobre este tema:

«Sucede muy raramente que la tecnología proporcione por sí misma una solución robusta a un problema social. Una aproximación tecnológica que tenga éxito para resolver un problema social requiere cambios en leyes y normativas, además de incentivos de mercado para hacer que cambie de escala.«

Pero los discursos tecnoutópicos al uso soslayan esa complicación.

«Lo que es difícil es la síntesis – aprender a usar la tecnología como parte de una solución sociotécnica bien diseñada. A veces, esas soluciones requieren avances profundos en la tecnología. Pero casi siempre exigen la formación de equipos complejos, multifuncionales, que trabajen conjuntamente con la gente a la que se supone que la tecnología tiene que ayudar y aprendan de ellos.»

Sucede, sin embargo que:

  1. Cuando la tecnología se usa para abordar los síntomas de un problema, pero no sus causas, lo normal es que el problema se enquiste o incluso empeore.
  2. Hay una brecha (de mentalidad, lenguaje, enfoque, habilidades) entre la comunidad de quienes tienen sabiduría y vocación tecnológica y la de quienes tienen sabiduría sobre la sociedad y vocación de mejorarla. Formar y hacer funcionar esos equipos multifuncionales es ya un reto en sí mismo.
  3. No es infrecuente que la intención prioritaria de quienes propagan  discursos tecnológicos formalmente basados en la mejora de la sociedad o de la vida de los individuos no sea ésa, sino ganar cuotas de dinero o de poder. A lo largo de la historia, el dominio de la tecnología, la acumulación de riqueza y la ganancia de poder no han sido ámbitos disjuntos. No lo son tampoco hoy en día.
  4. Tampoco tecnología y márqueting son ámbitos disjuntos. En particular, Silicon Valley es hoy tan potente como productor global de tecnología que como maquinaria de propaganda. Mensajes como «La misión de Google es organizar la información del mundo y hacerla accesible y útil de forma universal» o «La misión de Facebook es dar a la gente el poder de compartir y hacer un mundo más abierto y conectado» son brillantes desde la óptica publicitaria; pero es obvio que no son veraces.

La pregunta final de Zuckerman:

«¿Podemos encontrar una síntesis en la que los tecnólogos adopten una mirada crítica a su trabajo y a la vez trabajen estrechamente con la gente a la que tratan de ayudar para construir sistemas sociotécnicos que aborden problemas complejos?.»

Creo que es posible, pero no trivial. Porque, como recuerda un aforismo sajón, cuando uno sólo tiene un martillo, todo lo que ve son clavos. Más sobre esta temática en próximas entradas.

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