Capitalistas por la reforma del capitalismo

blog_160613aAntón Costas, Catedrático de Economía y Presidente del influeyente Círculo de Economía, escribe en El País sobre «El capitalismo y sus descontentos«.

Recuerda, es oportuno que lo haga, que en circunstancias similares en las primeras décadas del siglo pasado, «los descontentos con [los excesos] del capitalismo llevaron a apoyar a los populismos que en Europa derivaron en nacionalismos extremos y en fascismos de variado tipo«. (Véase sobre el particular el imprescindible «La gran transformación» de Karl Polanyi).

La consecuencias son tristemente conocidas:

«La sociedad liberal se derrumbó. Sólo después de dos guerras la democracia y una relativa igualdad retornaron de la mano de la socialdemócratas y los cristiano demócratas que apoyaron un modelo de economía de mercado pragmático con el Estado social como instrumento esencial para garantizar las oportunidades y la cobertura de riesgos sociales.«

Las circunstancias actuales son en buena parte similares. Las finanzas condicionan la economía y la política, a expensas de las condiciones de vida de segmentos crecientes de la población. Que, dicho sea de paso, aguanta la crisis con un estoicismo o una resignación mucho mayor de lo esperable.

¿Su propuesta de solución?

«Reactivar los valores de la sociedad liberal y los principios de la economía de mercado. Preguntarnos, en primer lugar, por lo que nos une como sociedad para regenerar el pegamento que en el pasado reconcilió capitalismo con igualdad y democracia. Y, en segundo lugar, poner en marcha una política radical contra las prácticas monopolísticas y de cartelización que impiden la competencia, esquilman a los consumidores con precios de monopolio y profundizan la desigualdad.«

Una propuesta con grandes carencias, a mi modesto entender.

  • Porque, ante una situación que pide a gritos una reforma a fondo, plantea sólo una vuelta atrás, a las décadas de la democracia cristiana y la socialdemocracia. Modelos ambos cuyo agotamiento fue precisamente lo que dejó el espacio a la ideología neoliberal que ahora casi todos critican. Eso, sin mencionar que, por lo menos en nuestros lares, ni los partidos políticos de esas enseñas ni sus líderes generan precisamente entusiasmo ni confianza. Aún con sus defectos, planteamientos como el «Postcapitalismo» de Paul Mason proponen bases más interesantes.
  • Porque, ¿estamos todos convencidos de que existió realmente un pasado en que capitalismo estaba de verdad, y no sólo superficialmente, reconciliado con igualdad y democracia?
  • Porque, quizá como corresponde a un catedrático de Universidad, plantea QUÉ se debe hacer, pero elude todo comentario acerca de CÓMO llevarlo a término. Es fácil, en efecto, preguntarse qué nos une como sociedad. Pero lo que se necesitan son respuestas, si es que existen, y gentes con el compromiso y las habilidades para liderar un proceso que las haga emerger.

Su receta, en fin, se centra en «elegir un tipo de capitalismo que sea compatible con la igualdad y la democracia«. Pero no está claro que esto sea posible, al menos no en base a los clichés al uso. En «La paradoja de la globalización« un libro que parece haberse olvidado demasiado pronto, Dani Rodrik planteaba «un trilema político fundamental de la economía mundial: no podemos perseguir simultáneamente democracia, autodeterminación nacional y globalización económica». Una llamada de atención a tomar en cuenta cuando los ideólogos y los partidarios de la globalización son los primeros en esgrimir las ventajas de la economía de mercado.

Al respecto de la crisis, de cuyas consecuencias, lo queramos o no, estamos hablando, Rodrik escribe que «los economistas (y quienes les prestan atención) habían llegado a confiar demasiado en su narrativa preferida» y que «el orgullo desmedido genera ceguera«. Para no olvidarlo.

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